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Alejandro De Barbieri: “Cuando una pareja se separa físicamente, por lo general se separó emocionalmente mucho antes”

Desde hace unas semanas está a la venta La vida en tus manos, el último libro de Alejandro De Barbieri. En este nuevo trabajo, el autor de Educar sin culpa, le habla a los adultos en general (papás y mamás incluidos) y propone que seamos autores de nuestra vida en cada una de sus facetas -trabajo, casa, pareja, etc-.

Tras conversar largo rato con Alejandro y en vistas del público de este blog, decidí poner la lupa en algo que se resquebraja y tarde o temprano se pone a prueba cuando nacen los hijos: la pareja. 

Hace más de 20 años que están juntos con tu esposa. ¿Creés en el amor para siempre?

Ernesto Sábato dice “para mí, la eternidad está en el aquí y ahora”. Yo creo que uno va cambiando siempre, el ser humano es un ser siendo. Creo que sí, el amor puede ser para siempre, lo difícil es que el diapasón espiritual individual se acompase en la pareja con el del otro.

Con Marcela trabajamos juntos hace muchos años y creo que eso nos ayudó. Nos tomamos tiempos, salimos, me gusta que cuide su salud, su taller de pintura. Además de cuidar la pareja, los tiempos, la rutina, para nosotros hacer algo por los demás es una bendición y ha dado sentido a nuestra vida. En Celae –Centro de Logoterapia y Análisis Existencial- acompañamos parejas y eso nos ha hecho ver qué es lo que hace que la gente se separe.

¿Y por qué se separan las parejas?

Hay mucha fragilidad. La sexualidad no es todo pero importa. Siempre digo que hay que arrancar aunque sea sin ganas, porque si uno espera por el otro y el otro porque uno tenga las ganas, al final, pasa el tiempo ¡y la casa queda sin barrer! Con los años aprendí que hay que decirlo porque a muchos les pasa.

Las parejas hoy se separan por el desgaste, lo que implica el trabajo, el estrés. La mujer se posterga a sí misma, se encarga de los hijos y termina relegando su necesidad, y si tiene un compañero que no la salva y ayuda a cuidarse, va produciendo bronca que se reprime. En algún momento explota.

También hay falta de amor, de ganas de crecer juntos, de darse tiempo; los hijos son importantes, pero hay que tener vida de pareja, proyecto en común, vida sexual, cuidar la familia, los amigos. Casi siempre nos vamos como descuidando. En realidad, cuando una pareja se separa físicamente, por lo general se separó emocionalmente mucho antes. Muchos siguen años juntos porque los hijos son chicos y cuando crecen se separan.

El año pasado en un aniversario de casamiento pusiste una frase en redes agradeciendo a Marcela por no perder nunca el misterio. ¿Qué es el misterio en la pareja? ¿Por qué importa?

Ese ser del otro al que no se puede llegar, pero sí acercarte. No llegás nunca porque el ser es siendo, y va cambiando hasta que muere. El misterio para mí es esa cosa que te hace querer caminar juntos sin saber hacia dónde. En “La vida en tus manos” digo que hoy la gente ama con miedo y yo creo que si querés amar tenés que entregarte; el que ama se regala sino no es amor, es tibieza.

 

Con permiso de Ale compartimos algunos fragmentos del libro que, por supuesto, ¡recomiendo!

 

Cuatro regalos para hacernos en familia:

Apagar pantallas y encender corazones. Hoy día pasamos mucho tiempo conectados, hiperconectados. Es necesario salir de las pantallas para estar de cuerpo y alma presente con nuestros hijos.

Entusiasmarme. ¿Cómo me entusiasmo? Me despierto y agradezco el milagro de estar vivo, respirar, hacer ejercicio, deporte, relajación, todo lo que me ayude a estar más calmo y en paz con mi cuerpo y mi alma. Hacerse tiempo para inspirar. Oxigenar el cuerpo es oxigenar los vínculos, es darnos tiempo para pensar antes de actuar, para no ser reactivos, robots que repetimos rutinas que terminan por desbordarnos y llegar al final del día muy cansados, sin energía para seguir educando al llegar a casa o para sostener la comunicación y la empatía en la pareja. Si estoy mal o cansado respondo mal o mi lenguaje verbal es poco empático, producto de este cansancio acumulado, de las tensiones, de la rutina diaria que ahoga y asfixia.

Empatía. Todavía uno escucha mucho en las escuelas, en los liceos, en las consultas, frases como “¿En qué te ayudo?”; “ella no hace nada”. “Ella tendría que ser más ordenada”. “Bastante tengo yo con mi trabajo, como para preocuparme por tareas de la casa”. Este tipo de frase reflejan actitudes y valores implicados dentro de lo que Sergio Sinay llama “masculinidad tóxica”. Es triste escuchar esto en varones jóvenes entre 30 y 40 años, lo cual nos interpela sobre lo mucho que tenemos que seguir trabajando para educar varones empáticos, con capacidad para ponerse en el lugar del otro, para salir del individualismo y no “colaborar”, sino adelantarse a lo que el otro necesita sea en la tarea de crianza como tareas domésticas. El que ama se adelanta a lo que el otro precisa.

Ser adulto. El adulto frágil es aquella persona que tiene miedo que su hijo no lo quiera. Si mi autoestima se nutre solo de que mis hijos me quieran, estoy frágil emocionalmente, porque voy a seguir haciendo lo que me pidan para que me sigan queriendo. El mejor regalo es que el otro, tu pareja, esté antes que tus hijos; es una metáfora y es acción concreta. Por supuesto que no me refiero a que, si el niño está llorando, no vamos a atenderlo, o si el hijo más grande se cayó en bicicleta, no auxiliarlo si lo precisa, no se trata de eso.

Por Carolina Anastasiadis

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