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El TDAH, una ola de época

La mayoría de nosotros vivimos un poco acelerados. Es algo así como condición del tiempo que nos toca. La oferta educativa y extra curricular es enorme, y a los papás en parte nos soluciona saber que los chicos están aprovechando su vida. En este contexto, un trastorno se cuela en la infancia, adolescencia y adultez, vinculado a la dificultad para concentrarse y a la hiperactividad.

El 13 de julio es el Día Internacional del Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad (TDAH) y, a través de Medicina Personalizada, conversamos con el neurólogo pediátrico argentino, Guillermo Agosta, jefe del servicio de Neurología Infantil del Hospital Italiano de Buenos Aires. Sobre las características de este trastorno, cómo se observa en los chicos y qué podemos hacer en casa a modo de protección contra esta ola que a veces nos lleva, va esta nota.

¿De qué hablamos cuando hablamos de TDAH?

Algunos cuadros hoy día se han puesto de moda y hablamos de “TOC” o de otros trastornos de los que antes no se hablaba. El TDAH refiere a un cuadro que se define como Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad. Hay pacientes que solo tienen déficit atencional y otros solo hiperactividad, algunos, ambas cosas. Se define por clínica, o sea que no existe un estudio tipo encefalograma o de imagen para diagnosticarlo, sino que se hacen evaluaciones sistemáticas, tests, para ver si las características que el paciente tiene se ajustan al cuadro. Se busca ver a partir de esas pruebas si ese niño o adulto que consulta tiene dificultades para sostener la atención en el tiempo, para concentrarse en un tema o si es más inquieto que lo habitual.

Hablamos de “trastorno” y no de patología. ¿Por qué?

El TDAH no es una enfermedad. Lo que hay que entender es que el cerebro humano tiene 200 mil años y que este cuadro empieza a ser un problema en un contexto cultural determinado. Pero si yo fuera un romano y soy muy inquieto y enérgico y me piden que vaya contra los germanos, seguramente me den una medalla porque me va a ir bárbaro haciendo eso. Dependiendo del contexto, esa condición va a ser un problema o no. Eso lo diferencia de una enfermedad. La varicela es una enfermedad, sin importar la época. Incluso en la actualidad, si vivo en un bosque con una familia que planta árboles y nada más, esto tal vez no sea un problema. El problema es cuando genera dificultades en otros órdenes.

¿Cuánto influye en el modo que tenemos de vivir a nivel familiar en que el niño tenga este trastorno y cuánto podemos proteger desde ahí?

El contexto familiar es muy importante. En la medida que una familia es muy disfuncional, desorganizada, para este grupo de niños va a ser mucho más complicado comprender cómo son las normas u opciones para estar más ordenado.

Esto es como una ruta. Uno puede ir libremente por un carril y tiene que saber, porque está marcada, por dónde puede pasar y por dónde no. Si la ruta no está marcada, está llena de pozos y no te das cuenta por dónde ir, va a ser más complicado. Lo que digo es que la educación tiene mucho que ver con ordenar un poco por dónde ir, con tranquilidad, sin castigo, pero sí marcando, muchas veces con el ejemplo, por dónde es mejor circular, por dónde los caminos andan mejor.

Es un trastorno del neurodesarrollo. ¿Por qué sucede?

El cuadro de TDAH tiene un fuerte componente hereditario. Es muy común en el consultorio que el padre te diga “yo era igual”. Es tan hereditario como la altura, según se ha visto en estudios. También puede ser adquirido. Se ha visto que los niños prematuros tienen mayor incidencia de este cuadro que los niños de término y esto se condice con cierta cuestión en el desarrollo fuera del útero.

Importa aclarar que estos cuadros tienen una enorme gama de expresión. Hay chicos que tienen un cuadro muy significativo que no pueden estar más de unos minutos concentrados en algo y otros que tienen otro nivel de concentración, o que son más inquietos o distraídos. Hay una gama de presentaciones y también una gama de necesidades.

Por regla general, las niñas suelen ser distraídas, pero no tan inquietas y los varones tal vez no tan distraídos, pero súper inquietos. Varios de estos cuadros tienen un fuerte componente de género; el TEA (Trastorno de Espectro Autista) es más frecuente en varones que en mujeres, por ejemplo.

Existe hoy cierta polémica al respecto de que se medica demasiado para controlar a los niños inquietos. ¿Cuándo corresponde medicar y cuándo no?

La mediación tiene ciertas indicaciones. Hay que entender que la medicación es un mejorador de performance, no es una medicación curativa. A veces te preguntan para qué medicar si no vas a curar. En medicina también se busca mejorar la calidad de vida del paciente. Acá no hay nada que curar, porque no es una enfermedad. Pero sí es una especie de bastón, un apoyo para transitar determinados momentos en los que un fracaso escolar por esa falta de atención podría ser tal vez más perjudicial para su autoestima o desarrollo personal que el uso de la medicación. La medicación tiene que estar siempre muy supervisada y, por supuesto, uno tiene que confiar en el médico.

Hay que buscar el médico adecuado y si el médico sugiere medicación, es para conversar. Nunca es una indicación absoluta. Lo que uno intenta es dar un apoyo y muchas veces ha pasado que los padres se comprometen a brindar apoyo extra escolar y apuntalar por otros lados, para evitar medicación. Está bien. Lo importante es medir los resultados una vez que se interviene. Lo que se busca es que el chico tenga una infancia feliz, evitar ciertos fracasos que pueden ser matadores a largo plazo.

¿Qué tan medible es el impacto de la intervención sugerida por un médico?

Hay criterios basados en test que son útiles para medir resultados, sino todo es “a ojo”. Hay algunos computarizados que son fáciles de realizar. Así que uno puede hacer determinada intervención farmacológica o sugerir que el niño se vea con una psicopedagoga, según el caso, y lo mide luego de cierto tiempo para corroborar si la intervención fue o no efectiva. Hay que estar midiendo permanentemente lo que se hace. Incluso lo no farmacológico, la intervención con una terapeuta también es una intervención que debe ser medida porque puede tener un costo o efecto adverso.

¿A qué cosas tengo que estar atento para detectar de manera temprana si mi hijo está dentro del TDAH o va camino a eso?

Hasta los 7 años es difícil de diagnosticar. Un chico de cuatro años va de foco en foco. De todos modos, hay situaciones que captan su atención como el televisor, y si aun con eso no mantiene la atención entonces es un tema.

Hay juegos diseñados para que la atención de un chico de determinada edad alcance para armarlos. Observarlo en esas situaciones de juego es una manera de ir viendo si atiende. Si a los 30 segundos lo deja, si es muy notable esa falta de atención, entonces nos debe llamar la atención. En general es algo que se dan cuenta los padres y las maestras si miran, porque tienen un contexto donde es fácil la comparación con niños de la misma edad.

A edades tempranas la intervención es mucho más fácil. Nunca se indica fármacos en menores de 7 años, pero sí puedo llevar al niño al profesional para ver cómo ayudarlo. Los juegos con reglas son muy útiles con estos chicos porque tienen que adaptarse; si juegan al fútbol no pueden tocar la pelota cuando quieran ni con la mano, por ejemplo. Otra cosa que se recomienda son las artes marciales, como taekwondo. Los buenos profesores no les enseñan a pegar a chicos tan chicos sino a controlar su propio cuerpo, a esperar, a relajarse.

¿Cómo entreno el control de espera de mi hijo para que no sea tan impulsivo?

La educación de aplazar la recompensa empieza con el chico bien chiquito. Hay en YouTube un video de niños que tienen alrededor de 4 años y se les pone un dulce enfrente. El adulto les dice: voy a salir, ya vuelvo. Si no lo comés, te doy dos dulces a la vuelta. El adulto se va, y los chicos miran y miran ese dulce con ganas de comerlo. Algunos aguantan y otros no. Lo que se ve ahí es lo que se trae de fábrica en gran medida. Uno puede permanentemente insistir en aplazar la recompensa porque eso es lo que posteriormente va a llevar a que las apuestas del joven sean más hacia el futuro. Quienes pueden aplazar la gratificación inmediata para tener una recompensa mayor después, tienen un recorrido o desempeño mucho más completo y finalmente más feliz que quienes se recompensan permanentemente.

Cuando ponés el placer en el largo plazo, además de tener mayor rédito, valorizás el recorrido. En niños con TDAH es más difícil que en otros niños y hay que empezar desde chiquitos. No se educa desde los 14 años, sino desde los 2 o 3 meses.

Adolescentes y TDAH

¿Qué tanto se ve este trastorno en la adolescencia?

Uno siempre habla de los niños con TDAH pero en la adolescencia hay que prestar mucha atención porque los chicos con este trastorno tienen mayor riesgo de caer en hábitos o adicciones, como cigarrillos y otras drogas no legales, las mujeres tienen mayor tasa de embarazos no deseados. Todo eso tiene que ver con la impulsividad. En la adolescencia la impulsividad es más notable, porque los chicos hacen sin medir el después.

Las personas que pueden esperar la recompensa en general se desarrollan más. Por ejemplo, si un chico estudia en la facultad, es un caso de alguien que demora la recompensa, pero estudia y piensa que con eso va a lograr algo mayor posteriormente.

La impulsividad en la adolescencia es un tema e importa no abandonar al niño que terminó la primaria porque el cuadro puede persistir, incluso en la adultez.

Pantallas, pandemia y TDAH

En tu experiencia clínica, ¿cuánto inciden las pantallas en el desarrollo de este trastorno?

No está tan claro. Hay bastantes estudios sobre esto porque todos pensamos que sí influye, pero no hay conclusiones contundentes. Mi impresión personal es que el uso de pantallas en chicos está relacionado con el uso de pantalla de los adultos de la casa.

Y lo que sí está probado es que lo dañino de las pantallas es que quitan tiempo de otras cosas que sí enriquecen y están probadas, como la actividad física. Está muy medida la relación entre ejercicio físico y salud emocional y hasta el impacto en lo intelectual. También importa estar atento a qué contenido tiene esa pantalla.

¿Cuánto creés que la pandemia ha incidido en que se haya disparado o no esto de la hiperactividad en niños?

No hay trabajos sobre TDAH y pandemia. Creo que los resultados de esto vamos a verlos a lo largo de este año, del que viene y del siguiente. Pienso que no vamos a ver nada bueno.

Una forma de bajar: Mindfulness y TDAH

Así como estamos en un mundo hiperacelerado que favorece este tipo de trastornos, aparecen otras cosas como el Mindfulness. ¿Sirve para estos chicos?

El Mindfulness que es la versión médica del yoga, de alguna forma, es muy interesante, porque en los últimos años han aparecido trabajos muy serios que prueban un efecto muy positivo en varias cuestiones como en el síndrome de Tourette que son chicos con tics de muy difícil control. En esos casos, el Mindfulness tiene una efectividad mayor que los fármacos a veces. Pero sí se requiere de gente especializada en la técnica para niños.

La enorme virtud de los resultados del Mindfulness es que son de largo plazo. Modifican estructuras cerebrales, eso se probó en estudio de imágenes cerebrales, pero además logran un entrenamiento al que puedo recurrir en el futuro cuando lo necesito, en una situación de estrés, un examen, una preocupación.

Hace un tiempo busqué efectos adversos de esto porque no podía creer que fuera tan bueno. Encontré que, en casos muy excepcionales, no funciona, como en niños con cuadros depresivos. Pero realmente el Mindfulness es algo para favorecer y empujar, no solo para niños con alguna dificultad sino en general, es un gran aporte para todas las personas.

Por Carolina Anastasiadis

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