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Ariel Gold: “La crianza da trabajo y los resultados reales no son inmediatos, demoran décadas en aparecer, por eso es tan difícil para los papás”

“Con-vivir es un libro escrito con la convicción de que educar hijos no es fácil” dice el Psiquiatra Ariel Gold en las primeras páginas de su último trabajo. Ayudar a mejorar la convivencia en las casas y en las aulas a través de conocimiento aportado desde la neurociencia, la psiquiatría y la psicología es parte de lo que acerca “Con-vivir. Claves para ayudar a nuestros hijos y alumnos a usar bien su libertad”. Bajo la premisa de que a convivir se aprende y que los responsables de que eso suceda en la vida de los niños somos en gran medida los adultos de referencia, el libro facilita información para entender cómo funciona la empatía, saber qué resorte tocar para desarrollar las habilidades sociales o contribuir en la regulación emocional de los niños para que sean personas convivibles. De todo eso va esta nota, especial para padres con ánimos de querer involucrarse en la tarea más desafiante de la vida: criar niños que sepan ser felices.

¿Por qué nos cuesta tanto convivir?

Si uno se pone a pensar en los problemas que ha tenido, termina siempre diciendo “al final fue un problema de convivencia”. El ser humano cuando está solo, más o menos se defiende, se aburre pero se defiende. Cuando está con otro se le puede empezar a complicar, también ahí está el goce y la finalidad de la vida, claro. La dificultad en convivir está en que uno debe aprender a convivir, cosa que no tienen otros animales que nacen con la posibilidad de tener acciones genéticamente determinadas que lo llevan a hacer cosas para que la convivencia sea posible.  Como la convivencia se aprende, se puede aprender bien o se puede aprender mal.

¿Qué necesitamos para hacer de un niño un ser convivible?

El ser humano a medida que crece necesita transformarse en un ser humano convivible y para eso precisa de un grupo humano significativo, donde la familia es lo más importante. Sobre el trabajo de la familia, van a actuar los otros grupos como los amigos del colegio, del club, del barrio. Todos esos van a hacer que la persona no sea solo convivible en su casa sino además sea convivible en sociedad. Una vez que tenemos un grupo que nos permite ser convivibles, nos tienen que ayudar a que sea lindo estar con nosotros. Una persona puede ser convivible y simplemente estar allí y no molestar. Pero para que deseen estar con nosotros tenemos que aportar algo más, transformarnos en un tipo de persona que cuando no estamos, se nos extrañe, ser queribles. Eso se aprende también y ayuda a la buena convivencia.

Para que un niño se transforme en una persona convivible, tú decís que debe pasar de ser individuo a ser persona. ¿Esa diferencia no radica en el amor que recibe?

Exactamente. Una persona convivible no es que no moleste, a veces molesta cuando tiene que molestar, no quiere decir que nunca moleste, ojo con eso. Lo que pasa en nuestra sociedad es que vemos que hay personas que tienen actitudes de individuo, que hacen solo lo que se les canta, eso es egoísmo salvaje.

Hay actitudes egoístas que pueden ser normales, el tema es el egoísmo a ultranza, de hacer lo que uno quiere sin importar si le estamos haciendo mal a otros porque ni me fijo en eso. Ese es el egoísmo complicado.

¿Cómo se educan niños que sean felices?

Hoy hay un problema y es que educamos para que los niños sean exitosos, no para que busquen su felicidad. Educar para que sean felices implica entender que ellos no son un pedazo de nosotros y hay que observar cuáles son las cosas que les gustan, que no necesariamente son las que nos gustan a nosotros, siempre y cuando esas cosas no le estén haciendo daño, claro. Si le gusta la tecnología, lo entendemos y lo dejamos, pero lo complementamos con otras cosas que son buenas para él porque somos el adulto educador.

La felicidad tiene que ver con saber disfrutar. ¿Qué cosas contribuyen a que el niño sepa disfrutar?

Hay personas que tienen una capacidad propia de disfrute. Es verdad que si le damos posibilidades, muchos gustos para probar, experiencias vivenciales, no materiales, va a saber disfrutar más, tendrá otro “paladar”. El niño no se acuerda tanto cuándo le regalás cosas materiales pero sí cuándo lo llevaste por primera vez a la feria a elegir determinadas verduras, o cuando una vez te fuiste de campamento a un lugar rarísimo sin wi-fi. Todas las vivencias familiares ayudan a disfrutar en la medida en que ellos estén formando parte de una familia-equipo, una familia donde tienen un rol. Algo simple que les digo a los padres es que procuren tener un almuerzo o cena por semana sin nada tecnológico. En algunos casos que he sugerido esto y otras cosas simples a los padres, los niños terminan preguntando “¿cuándo vamos a jugar otra vez a la lotería de cartones?”. Y claro, cuando aparece el que dice que tiene la lotería en la app, marchamos porque se pierde todo ese intercambio y diálogo que habilita el juego de cartón. Lo fundamental es desarrollar el arte de educar: amor, respeto, tiempo y empatía. Hay que estar emocionalmente disponible y físicamente presente.

¿Qué querés decir con estar emocionalmente disponible?

Que si estoy y te doy una orden que creo que es importante, como que te vayas a bañar y después vamos a cenar, pero estoy mirando el whatsapp, yo no estoy contigo. La señal es “no estoy contigo”. Igual que cuando alguien habla con vos y a cada rato mira el reloj.

Los niños aprenden más por lo que hacemos que por lo que les decimos. Pero aún más al sentir lo que somos. ¿Cómo se educa ese “don de gente”?

Acabás de definir una persona con mayúscula, el ser “gente”. Hay que brindar amor, respeto, tiempo y empatía. Pero además con algo difícil porque eso antes era lo único que se necesitaba, ahora tenés que controlar a los otros educadores, no a la maestra o los chiquilines del club, sino a los maestros que vienen por la web, los valores que vienen por los videojuegos o youtubers. Necesitás saber qué es lo que ellos están viendo y jugar con ellos aunque no entendamos e ir comentando los valores de lo que vemos. Ellos tienen que saber qué pensamos de ese videojuego o de lo que ven. Me ha pasado de preguntarle a alguno: ¿y tu padre que piensa de esto? Y me dicen: no, no sabe. Hay un juego que para ganar puntos tenés que matar a una muchacha, y padres que no saben que sus hijos juegan a eso. Hay que conectar con el mundo del hijo. Ojo con pensar que la tecnología entra en su vida privada. Tenemos que hacernos cargo, no es solo comprometerse, hay que involucrarse. En los primeros años de vida al cerebro lo estamos ayudando a desarrollar nosotros. Es mucho más difícil ser padres ahora.

En el libro hablás de la importancia de la autorregulación y de los frenos de los niños, algo que se educa. ¿Cómo se desarrolla eso a lo largo de la vida?

El cerebro humano tiene redes neuronales, que son programas perfectamente comparables con los de computadora. Hay un grupo de neuronas a las cuales podemos llamar “aceleradores” que son las que sirven para hacer. Y otro grupo que las podemos llamar “frenos” que son las que sirven para detener. O sea que el cerebro humano tiene aceleradores y frenos, y del equilibrio de eso es que yo elijo hacer una acción o no hacerla. El bebé humano nace solo con aceleradores, o sea que cuando está tranquilo no es que se está aguantando. Es que no tiene ni frío, ni hambre, ni dolores. El cerebro del bebé es como un motor con un solo pedal. Si necesita algo lo aprieta. Esto es fundamental saberlo porque el cerebro humano no nace para convivir, sino para sobrevivir. Pero, ¿cómo hacés para convivir con una persona que hace lo que se le canta en el momento que se le canta? Hay que enseñarle a establecer los frenos.

¿Cómo se le enseña al niño a “frenar”, a esperar o aguantarse?

Los frenos no los creamos nosotros los educadores o padres, son un grupo de neuronas que vienen de fábrica pero que hay que ayudar a conectar. ¿Cómo? El niño aprende ese primer freno, a esperar, si de bebé se le enseñan rutinas. Cuando un bebé tiene rutinas aprende a conectar esas neuronas. En los primeros años de vida es un bollo conectar neuronas, por eso es una lástima cuando se pierden esos años de vida sin rutinas.

Con rutinas en los niños de 0 a 3 años le enseñamos a esperar… ¿y los impulsos?

Hay que desarrollar otra estrategia para conectar otras neuronas. Y eso lo logro a través del “no”. Los “no” bien puestos en los primeros 6 años de vida generan algo genial que es la posibilidad de que un niño aprenda que hay cosas que se pueden y otras cosas que no se pueden hacer. ¿Por qué no debo hacerlo o por qué sí? Por amor. Por amor a alguien que me lo dice y me va a dar los “no” adecuados, que son dosificados, coherentes y que si no se cumplen tienen consecuencias. Muchos padres no ponen los “no” por miedo a que su hijo reaccione mal y se sienten los peores padres del mundo. Cuando eso sucede, es que no entienden nada. Por otro lado, pretender que a un niño se le diga “no” y que él obedezca, entonces preocupate porque es un servil. Lo normal es que si le decís “no”, el niño reaccione. No tenés que enojarte por la reacción del niño, no hay que confundir malestar con hacer daño. Decir no genera malestar, no daña.

Tampoco hay que explicar absolutamente todos esos “no”. La idea no es educar como nos educaron a nosotros sino entender que la capacidad de educar tiene que ver con generar en el cerebro un concepto tremendamente difícil pero fundamental: el concepto de autoridad. Tenemos que ser autoridad con nuestros hijos sin duda.

¿Cómo me posiciono como adulto con autoridad ante mis hijos?

Entendiendo que la autoridad es una tabla que se apoya en dos pilares: una es el respeto y la otra es la admiración. El ser humano bebé va a tener durante más o menos 7 años amor incondicional a sus padres aunque sus padres lo maltraten. Si tengo a alguien que tiene amor incondicional tengo un poder impresionante con él, de tal manera que puedo ocuparme de desarrollar el otro pilar que es el respeto, porque el amor viene de fábrica. El niño respeta a quien pone los límites y las señales en la cancha. En mi época el pilar respeto no sostenía la autoridad, sino el miedo. Luego cambió y sacaron el miedo pero no pusieron nada para sustituir esa pata y hoy muchas veces se educa parado en el amor incondicional, pero educar solo con amor no basta.

¿Qué es lo que falta entonces en la educación de entre casa hoy?

La felicidad tiene que ver con el amigo. No tengo ni un paciente actualmente que le cuente sus problemas a sus amigos. No tienen anécdotas los chiquilines. Creo que eso se recupera volviendo a casa, que tengan vivencias en casa, reuniendo amigos, amigos de amigos, llevándolos un día a jugar a los juegos que nosotros jugábamos.

Hace años dijiste que te consultaban por déficit atencional y el diagnóstico que dabas era que esos niños eran ansiosos, que no tenían déficit alguno. ¿Cuál es la mayor problemática de los niños hoy?

Me consultan porque la convivencia se está haciendo muy difícil. El diagnóstico más frecuente es “niños maleducados”. Hay temas psiquiátricos que dificultan la convivencia, pero la mayoría de los niños problemáticos responden a una falla en los primeros 6-8 años en el estilo de crianza que le dieron los padres. Es como el que fuma y como no le duele en el momento, años después se entera que le hizo mal cuando aparece el cáncer. Si vos estás criando mal, pero el niño sobrevive, y va a la escuela y zafa, te enterás después de años. Quien cría príncipes tiene grandes chances de generar un tonto, pero además un tirano, un déspota. Y mis consultas más frecuentes son por niños tiranos que no recibieron los “no” a tiempo. La crianza da trabajo y los resultados reales no son inmediatos, demoran décadas en aparecer, por eso es tan difícil para los papás.

Por Carolina Anastasiadis

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